miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los nombres de los Cuentos de Caballería.

Monasterio nuevo San Juan de la Peña
- Comedor de la Orden Alfaquí -

Los nombres: ese gran dilema al que nos enfrentamos a la hora de escribir. ¿Qué nombre le pongo a este personaje? ¿Y a esta montaña? No debería ser tan difícil. Al fin y al cabo todos los nombres que nos rodean a diario tienen algún sentido. Yo procuro que por lo menos así sea también en mis relatos y, si es posible, también cuento la historia de los nombres en la propia novela. Por ejemplo, en los Cuentos de Caballería se recuerda el conflicto que llevó a La Olivarera a cambiar su nombre por el de Tres Olivos.




Monje Benedictino - Abad Alfaquí
En los Cuentos de Caballería había ciertos momentos en los que quería que los nombres tuvieran algún rasgo exótico. La solución estaba en la riqueza cultural que tenemos en este país. Así pues utilicé, entre otros, algunos nombres de origen árabe por su musicalidad. De esa manera surgió el nombre para una hermosa ciudad situada poco antes de llegar a la región montañosa del norte del Continente: Wasq´al (modificación de la palabra Wasqa, nombre árabe de la ciudad de Huesca). A la luz de tan bellas palabras también nació la Orden de eruditos llamada Alfaquí (doctor o sabio de la ley).




Me gusta que los nombres digan algo de aquello a lo que se refieren. Cualquier peregrino que viaje por los caminos del Continente debería poder hacerse una idea de lo que se va a encontrar antes de llegar a pueblos como Laneros, Caldereros, Villaforja o Salazón.






Monte Anayet - El Paso de Anayet

Otros nombres son homenajes a personas que de un modo u otro me han apoyado en esta aventura, y a lugares que existen en nuestra geografía cercana y que están repletos de magia. No deja de ser una forma de querer decir a esas personas y a esos lugares: ¡gracias por existir!








Un abrazo.

Pablo.

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