viernes, 27 de septiembre de 2013

Creer y crear es crecer.

Muy buenas!

Después de un largo verano, que no unas largas vacaciones, ya estoy de vuelta.

Todas las grandes historias se construyen de pequeños sueños.
Fotografía propiedad de National Geographic.





Poco a poco me voy preparando para salir al mundanal ruido y probar suerte en diferentes editoriales y agentes literarios. Ese es mi planteamiento de trabajo para los Cuentos de Caballería a partir de septiembre.







La búsqueda de un agente literario adecuado es igual de complicada que la de las editoriales. Muchos de ellos no aceptan manuscritos, otros no dicen no aceptarlos explícitamente, pero ofrecen una imagen de exclusividad, e incluso elitista, que casi da miedo ponerse en contacto con ellos como escritor novel. A priori no creo que se interesaran por mí más de una cuarta parte de ellos... Tirando por lo alto.

Espero poder ofreceros información más concreta próximamente sobre esta nueva aventura.  Mientras tanto, continúo leyendo, escribiendo, formándome e inventando nuevas historias.

¿Vértigo?
Fotografía propiedad de National Geographic.
Durante las últimas semanas, he recaído en el hobby de buscar concursos de relatos cortos y microrrelatos en los que poder participar. En alguna ocasión he podido rescatar antiguos textos míos y adaptarlos a los formatos solicitados. Lo divertido de estos concursos es precisamente que te exijan una temática concreta y limitada. Así tienes que poner a funcionar las neuronas. De esa manera, casi sin darnos cuenta, vamos aumentando nuestra colección de relatos tocando todos los palos: relatos históricos, de ciencia ficción, de terror, románticos, de perspectiva de género, problemática social de actualidad, humorísticos, cuentos infantiles y para adultos... De esa manera llega un día en el que miras hacia atrás y te das cuenta de que ya has recorrido un largo camino personal. Si ya has llegado hasta aquí, ¿por qué no seguir adelante?

Esta vez me estoy preocupando más de escoger los concursos adecuados. Esto significa no solo fijarse bien en las bases, sino también navegar por las redes buscando información sobre los concursos, sus convocantes o premios anteriores.

Que no se trata de desconfiar, pero ya os hablé de las convocatorias con bases chungas del tipo “El relato ganador queda en propiedad de este Ayuntamiento y si el autor lo quiere recuperar deberá dejar su mano derecha a cambio”, o "Todos los autores de los relatos no premiados, que no vengan en persona hasta este ayuntamiento, en horario de oficina, en los 3 días posteriores al fallo para recoger sus originales, nos ceden todos los derechos sobre su obra para siempre", o incluso "El premio se lo damos a uno, a no ser que lo declaremos desierto "clarostá", pero nos quedamos con quince relatos más para publicarlos, con los derechos de estos dieciséis relatos y las almas de sus respectivos escritores". Simplemente os aconsejo que leáis bien las bases, porque cosas como estas suceden aunque en las bases estén escritas con palabras más bonitas.

También os aconsejo que no hagáis como yo y dejéis los relatos para última hora ;). Por lo que sé, no soy el único al que le pasa que rara vez ve un relato propio como "terminado al cien por cien" aunque el resto de la humanidad no le encuentre mayores problemas. Pero si apuramos demasiado los tiempos, corremos el riesgo de enviarlo sin que esté revisado adecuadamente.

En cuanto a la información que se puede consultar en internet sobre los diferentes certámenes, sin hacer muchos esfuerzos yo me he encontrado con videos de algunos actos de entrega de premios o blogs de concursantes premiados, que te dan una idea de la seriedad esos concursos.

Vaya, me acabo de releer y casi hay un punto paranoico en estos consejos. Si algún día os cuento que estoy empezando a pegar recortes de periódicos por las paredes, por favor, paradme los pies ;).


En ocasiones hay que confiar en un completo desconocido.
Fotografía propiedad de National Geographic.



Confiad.











En fin, que una mañana te levantas pensando “Qué ganas tengo de escribir cosas nuevas inspirándome en lo primero que se me pase por delante”, y entonces te vienen a la mente las sabias palabras del cura Navarro que te dio clases de física, diciéndote con aquella voz grave e imponente “¿Y por qué no lo haces, mendrugo?”. Lecciones que da la vida, que valen para todo y para siempre.

A día de hoy, uno de mis relatos "La ofrenda" (microrrelato para ser exacto), ha quedado entre los 30 finalistas del I Certamen de Microrrelatos de Historia Francisco Gijón. Habiéndose presentado 347 relatos en total y tratándose del primer microrrelato que escribo en mi vida, para mí ya es un exitazo. Así que ¡ánimo y adelante! ¡Utreya Suseia!

Un abrazo.

Pablo

martes, 25 de junio de 2013

Desterrando el Síndrome de la Página en Blanco. Gente que, sin saberlo, te inspira, te anima y te acompaña.

¡Hola de nuevo!
  
En este último mes han seguido ocurriendo cosas maravillosas para los Cuentos de Caballería. No significa que estemos más cerca de la publicación… O sí, si tenemos en cuenta que todo el trabajo que realizamos sobre nuestras obras, no hacen sino mejorarlas día a día.

Hace un tiempo os hablé de lo difícil que me había resultado terminar la sinopsis de la novela. Finalmente, di por concluida la tarea dejando en una página la sinopsis del primer libro y en dos la del segundo. No estaba demasiado contento con ese resultado, pero no era capaz de ver otra opción, al tratarse temas tan diferentes (aunque íntimamente ligados) en cada libro.

Siempre que no estoy al cien por cien contento con el resultado de lo que he escrito, me obligo a mí mismo a separarme del texto. Leer y escribir otras cosas que no tengan nada que ver, olvidarme del manuscrito como cuando desconecto del trabajo al marcharme de vacaciones (tanto que a la vuelta no me acuerdo ni de las claves de los ordenadores).

GOCE (Gravity field and steady-state Ocean Circulation Explorer)
En este caso recuperé mi primera novela. Se trataba de un relato de  Ciencia Ficción escrito  sin mucha experiencia, plagado de errores e inacabado. Aquella novela con la que torturé a los amigos pidiéndoles que leyeran algunos capítulos hace algunos años.

La saqué del "desván de los sueños pendientes" y me propuse actualizarla y adecentarla para los concursos del año que viene. El primer problema que encontré fue que, con letra Times New Roman 12 y espaciado doble, llevaba escritas unas 250 páginas.
Un problema gordo si consideramos que, siguiendo mis esquemas, aún necesitaba 6 capítulos más para llegar al desenlace.
Un problema muy gordo si consideramos que la mayoría de los concursos exigen una extensión máxima de 200 páginas. Yo ya sabía de antemano que la tenía que recortar para ajustarme a los concursos, pero no recordaba que fuera tanto.

Venía de luchar con un texto de 196 páginas para resumirlo en 2, por lo que la idea de volver al maravilloso mundo de los recortes no me pareció demasiado atractiva, en principio. Porque en cuanto me puse a releer lo escrito, la historia me volvió a cautivar.
Yo amaba esa historia, quería contar esa historia. Pero quería contarla bien. Así pues, recogí todo el conocimiento (mucho o poco) que he ido atesorando en estos años y me propuse aplicarlo sobre aquella historia que escribí cuando tenía más voluntad que habilidad.

En la fecha en la que escribo estas líneas, ya he revisado cuatro capítulos y estoy bastante satisfecho con el resultado, después de haber recortado el texto en un 30% aproximadamente. Cuando digo recortar, me refiero expresamente al número de palabras, ya que la revisión del texto ha implicado mucho más que un simple tijeretazo: Corregir texto, reescribir, reemplazar e incluso escribir nuevos contenidos.
Podría decir que me siento como un restaurador que trata una pieza con todo su cariño, puliéndola y cepillando la materia extraña que la oscurece, para que pueda mostrarse en todo su esplendor. De igual manera, me he esforzado para que la historia no pierda su intensidad, su consistencia, su sentido del humor… En definitiva, su alma.

Feria del Libro de Madrid - Imagen propiedad de Rtve
Todo esto ocurría por aquellas fechas en las que se celebraba la Feria del Libro de Madrid. Una Feria a la que el niño que llevo dentro acude fascinado para conocer a los autores de los libros que más le gustan. Aunque hay que reconocer que, en ocasiones, uno también se lleva un chasco con según qué autor.

Alguna vez, cuando he fantaseado con estar al otro lado del mostrador, me he visto sonriendo y dejándome los… La vida, para que la persona que ha comprado mi obra se vaya con una sonrisa en los labios y con la sensación de haber vivido una buena experiencia cara a cara conmigo. Qué mejor oportunidad tendría para preguntarle yo a mis lectores sobre el libro y aprender a hacer las cosas mejor. Es cierto que soy dado a enrollarme demasiado, pero como tampoco iba a tener la cola de firmas de María Teresa Campos, no creo que hubiera demasiado problema.

El caso es que en esta Feria no solo buscaba firmas, o estrechar alguna que otra mano (a ver si se me pegaba algo de talento por vía transdérmica). Esta vez fue un poco más especial. Pude saludar a algún escritor conocido (¿os acordáis del guionista?), hablar directamente con editores que están apostando por autores españoles de fantasía y disfrutar de varias experiencias mágicas (no sabría definirlas de otra manera) entre las que destacaré una.

«Estaba en la cola de firmas de un famoso presentador de televisión. Me encontraba bastante agitado después de haber recorrido el Paseo de Carruajes del Retiro a toda prisa, pensando que no llegaría a tiempo a la firma. Pero el hecho de haber conseguido llegar a tiempo tampoco me ayudaba a serenarme precisamente, porque tenía la intención de hablar con él sobre los Cuentos de Caballería.

El miedo estaba ahí (ya sabéis dónde) atenazando, pero la oportunidad también estaba delante de mí. Hablar de algo personal (fruto de mi esfuerzo y al que tanto cariño tengo) con alguien a quien realmente no conozco, en un espacio reducido de tiempo, a priori  tenía más probabilidades de acabar en desastre que en éxito.
Temblando como un flan, me presenté como uno (de sus miles de seguidores) que le mandó cierto tuit referente a los Cuentos de Caballería, del que él hizo retuit.

Esa fue mi carta de presentación (no sé si se puede hacer peor).

Los ojos se me abrieron como platos cuando me dijo que se acordaba del tuit, aunque no me quise dejar llevar por la emoción, pensando que se trataba de una mentira piadosa. Pero entonces, con un “no te prometo nada”, bajo su firma escribió un correo electrónico para que le enviara mi manuscrito.

De esa forma, volví a casa feliz. En primer lugar por haberme enfrentado a mis miedos y haberme lanzado a agarrar la oportunidad. Y más aún después de haber visto mi esfuerzo recompensado con un resultado tan positivo.

Un par de días después le remití la novela (tranquilos, en esta ocasión me presenté de una forma más decente), y en poco más de 24 horas, este señor cumplió con lo que se había comprometido: reenviarla a su Editorial.

Pensar que alguien que debe estar bastante ocupado en su vida profesional/personal, ha encontrado un hueco para enviarme un correo electrónico de respuesta (¡A mí!, al tío “mindundi” que llegó sudado y tembloroso hasta su caseta de firmas), hace que se haya ganado con creces mi respeto y mi admiración. Y no estoy hablando de que sea mejor o peor persona (que no nos conocemos de nada… Aunque alguna vez nos hayamos retuiteado ;)). Estoy hablando de que, según mi forma de pensar, me ha demostrado que es un verdadero PROFESIONAL: alguien que se esfuerza en cumplir aquello con lo que se ha comprometido, aunque sea con un desconocido que pasaba por allí.

Este señor trabaja con una gran Editorial por lo que, siendo realista, las posibilidades de que mi obra vea la luz siguiendo ese camino son escasas. Pero ¿recordáis cómo empezó esta historia? Exacto, con las probabilidades en contra.»

Todas estas experiencias positivas han sido el descanso y la recarga de confianza que mis neuronas necesitaban. Así pues, con ilusiones renovadas, he vuelto a trabajar sobre los Cuentos de Caballería. Le di otra vuelta a la sinopsis con excelentes resultados y he encontrado nuevos concursos, editoriales y agentes a los que dirigirme. De todo ello ya hablaremos otro día, que por hoy creo que ya os he retenido mucho tiempo frente a la pantalla.

Nunca menciono los nombres de los implicados en estas anécdotas, ya que no cuento con el permiso para hacerlo y no sería correcto. Lo que quiero transmitir con estas experiencias personales, sobre todo, es un mensaje de esperanza, de ilusión y de perseverancia en el trabajo realizado.

Un abrazo.

Pablo.

martes, 7 de mayo de 2013

¡Felices 3.000 visitas del Blog Cuentos de Caballería! La primavera, la creatividad altera.

Qué mejor forma de comenzar el mes de mayo que con ¡3000 visitas!

3.000 visitas de Cuentos de Caballería

Quiero daros las gracias a todos los que leéis este blog. Espero que también encontréis en él alguna información que os ayude en vuestra experiencia como escritores. Y si es así, que la compartáis para ayudar a otras tantas personas que puedan andar tan perdidas como lo hemos podido estar nosotros ;).

Estoy encantado de ayudaros, responder a vuestros comentarios, escuchar vuestras sugerencias y aprender compartiendo este blog con vosotros. Y si todo eso no es posible, por lo menos entreteneros un rato.
  
Aunque este Blog está pensado más para ser compartido en aquellos lugares del mundo donde se habla la Lengua de Cervantes, muchas de las visitas provienen de países anglosajones. Por ese motivo he introducido un traductor (por ahí abajo a la derecha), que permite traducir el Blog de los Cuentos de Caballería, igual de mal, a decenas de idiomas. Y digo “igual de mal”, porque la entrada titulada “La (maldita) Sinopsis”, ha sido traducida al inglés como “The (fucking) Synopsis”. ¿De verdad no había otra alternativa menos malsonante, Señor Google? ¡Por favor, que este blog también lo leen menores!.


Hace unos días tuve una agradable conversación con un paciente, guionista de un exitoso programa de televisión. El paciente en cuestión, aprovechó la consulta para hacerme promoción de su último libro, que ya me he comprado y que estoy disfrutando mucho… Como veis, es un guionista bueno, de esos que te llevan al huerto ;). El caso es que yo tampoco pude resistir la tentación de tener un escritor recién publicado delante y no abalanzarme sobre él, cual tigre sobre gacela coja en un documental de la 2.



Mientras una parte de mi cerebro enviaba señales a mis labios para que articulasen las palabras de forma coherente y sosegada, pretendiendo dar una buena impresión a la par que obtener información literaria de calidad y de primera mano, la otra mitad de mi cerebro, mucho más primaria, repetía al más puro estilo neandertal “Yo novela. Publicar quiero. ¡Cómo, cómo, cómo, cómo!”.  

Yo pienso que las casualidades no existen. Las oportunidades están ahí. Si tenemos los ojos bien abiertos las veremos cuando pasen, y solo dependerá de nosotros si alargamos la mano, o no, para agarrarlas.


Como os digo, tuve una agradable conversación con él, en la que hablamos sobre lo mal que está el sector de la Literatura (a decir verdad, esa parte no fue tan agradable), y eso que la Literatura Juvenil es de las que mejor ha aguantado el golpe de la crisis. Por lo general, las Editoriales están publicando con cierto retraso a sus autores. Es lógico, si obtienes menos beneficios, te arriesgas menos, publicas menos variedad de obras y algunas te las reservas de un año para otro. Es lo que le respondía a Alejandro, otro escritor en busca de Editor, en un comentario suyo de este Blog. Lo lógico es que en primer lugar vean la luz las obras que tienen pendientes de publicar de autores consagrados, mediáticos, compromisos, etc… Y después, si acaso, iremos nosotros.

Al final me dio un buen consejo: concursa. Yo ya había dado por terminada mi labor de buscar concursos hace días, al no encontrar ninguno publicado que se adecuase a los Cuentos de Caballería. Pero como digo, las casualidades no existen. Volví a mirar y descubrí que acababan de publicar varios certámenes interesantes en los que participar. Quizás no ganemos… ¿Quizás?, qué narices ;)… Pero es cierto que, tal y como están las cosas, posiblemente sea la forma más probable de que alguien de una Editorial lea nuestro manuscrito completamente.


Así pues, mi primavera hasta el momento se podría resumir de la siguiente manera:

Qué mejor forma de celebrar el Día del Libro que imprimiendo algunas copias de los Cuentos de Caballería.

Qué mejor forma de celebrar mi cumpleaños que llevando unos 15 kilos en copias hasta la oficina de correos para hacerlo llegar a diferentes concursos.

Qué mejor forma de aprovechar los madrugones impuestos por los “horarios biberoniles”, que trabajar en un video-cuento para regalar a mi chica en su primer día de la madre.

Pues eso, Sabina, que no te han robado el mes de abril, que lo tenía yo todo “pa” mí “acaparao”. Pero si quieres te dejo mayo, que es cuando yo empiezo con la alergia.

He tapado prudentemente, con la antigua técnica del post-it,
ciertos datos relevantes como el seudónimo, ya que si no
tendría que mataros a todos y ya os he cogido cariño.
No me miréis así, son cosas de los Concursos ;).

3.000 abrazos y gracias por estar ahí.

Pablo.